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El valor de las ideas

Porque a veces las ideas llegan más lejos que las mercancías.

Por Juan Carlos Navarro.


Esta semana me he estado familiarizando con dos nuevos clientes en Europa que me han llevado a escribir estas líneas. Porque a veces no hace falta tener una gran infraestructura o unos medios súper caros para desarrollar ideas que puedan ser llevadas a la práctica y dar sus frutos como negocio. Quizá esto que cuento pueda servir de inspiración a alguien. Y aviso de que no es dropshipping ni tampoco ideas de negocio con cero euros de las que tanto se habla en internet para emprendedores que empiezan de la nada. Esto es algo más complejo. Así que ahí va.

 

Ninguna de estas iniciativas cuenta con las herramientas necesarias para producir su mercancía. Sólo con el conocimiento necesario para ello.  

 

Uno de ellos me ha gustado bastante porque es una solución de sostenibilidad que pretende aprovechar cierto material como nunca antes pensamos que se podría. Han analizado las necesidades de algunos países y el uso que en cada uno de ellos se le podría dar, el cual, por cierto, varía muchísimo más de lo que pensaba según el lugar. Han recurrido a Sidera para que les ayudemos a penetrar esos mercados. No para vender su producto, ya que ellos no fabrican nada, sino para que les ayudemos a encontrar interesados en darle la aplicación que proponen a ese material. Entonces, la función del equipo con el que estamos trabajando es asesorar a los interesados para que sepan cómo pueden darle el uso que ellos han desarrollado y hacer cosas verdaderamente sorprendentes con él. 

 

Más concretamente, se trata de un residuo agrícola que, una vez generado, se suele quemar. Esto contamina bastante, y además impide que se pueda emplear para cualquier otra cosa. A través de diversas pruebas, estas personas concluyeron que se puede utilizar para la construcción que, además, es bastante resistente y puede ayudar al desarrollo de muchísimas partes del mundo que cuentan con el tipo de cultivo del cual se puede obtener este residuo. El equipo que ha desarrollado esta idea también diseñó la forma de los bloques, que hacen las veces de avanzados ladrillos sostenibles. Con impresoras 3D, se pueden adaptar a las necesidades de una amplia variedad de construcciones, consiguiendo en cada caso las características idóneas para conformar cualquier estructura. Y todo esto de una forma sostenible y respetuosa con el planeta. 

 

El otro es una empresa que tiene un producto muy concreto y específico. Los posibles compradores están más definidos y el sector, más acotado. Aun así, tiene mucho potencial. Pues bien, de nuevo, esa empresa cuenta con cero medios de producción. Pero ellos saben cómo fabricarlo, porque han investigado para ello y saben que hay muchas empresas con la capacidad y el interés necesarios en hacer de su invención una realidad (y un negocio). Asimismo, esta empresa nos pidió ayuda para penetrar mercados en los que creen que su producto puede tener buena acogida.  

 

Se trata de una herramienta de autodefensa, i.e., que permite protegerse de cualquier ataque, menos ortodoxa de lo que estamos acostumbrados a ver, como el espray de pimienta. Está pensada, sobre todo, para mujeres. Sin embargo, no hay restricción de género alguna, ya que sirve para defenderse en todo tipo de situaciones en las que se corra peligro de ataque, agresión sexual, violaciones...  Un producto bastante específico de todas formas, pero, de nuevo, un caso en el que “sólo” se cuenta con el conocimiento necesario para fabricar este artículo. 

 

Estos proyectos son muy interesantes, porque ambos desarrollan productos que no son fáciles de copiar, y si se hace, no será de la misma forma en que ellos lo han concebido. Además, hace falta un gran conocimiento de antemano en el sector en el que se han diseñado. Son los denominadores comunes de iniciativas que son algo más que ideas de negocio, sino modelos de negocio en sí mismos. Lo que se vende es quién va a fabricarlos y aprovechar la oportunidad que ofrecen. Pero ninguno de estos dos clientes tiene grandes almacenes, fábricas, una flota de camiones o cualquier cosa que pueda atribuirse a una gran empresa. Muy al contrario, son grupos de personas con ideas muy potentes y bien formadas que buscan a alguien que las compre. 

 

Los proyectos de los que hemos hablado anteriormente demuestran con creces cómo la innovación y la creatividad pueden transformar simples ideas en negocios prósperos y sustentables. Ambos ejemplos, aunque distintos en naturaleza y enfoque, comparten la esencia de reconocer una necesidad específica en el mercado y, a través de un profundo entendimiento de su público objetivo, desarrollar soluciones únicas que no solo atienden dicha necesidad, sino que también fomentan una conexión más profunda con sus usuarios. 

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